Un año de viaje: aprendiendo

365 días pasaron desde que pisamos Argentina por ultima vez. En aquel entonces no sabíamos lo que nos depararía el viaje. La gente, las historias, los lugares y las situaciones que tendríamos que enfrentar. Hoy eso ya esta escrito y podemos ver para atrás y hacer un balance de lo que fue. 


Cuando embarcamos en aquel avión teníamos miedos, dudas, ansiedad y mucha incertidumbre. Nunca antes habíamos viajado de esta manera. Nunca con la mochila a cuestas, un ticket de ida y un viaje solo planificado levemente en nuestra cabeza. Queríamos salir y dejar que el viaje se vaya haciendo solo, sin apurarlo y sin apurarnos.

Sabíamos lo que dejábamos atrás. Mas allá de nuestras broncas hacia Buenos Aires, no dejaba de ser nuestro lugar, al que recorríamos casi de memoria, en el que compartimos momentos inolvidables y en el que también quedaban nuestros seres queridos. Allí todo seguiría su rumbo. Nuestras familias, amigos, compañeros y conocidos no se iban a congelar hasta que tuviéramos ganas de darnos una vuelta por allá. Los asados del sábado, domingo o miércoles seguían ocurriendo (si, cualquier día era bueno). Esa cerveza fría entre confidentes debería esperar, los cumpleaños, nacimientos, casamientos y todo tipo de celebraciones las veríamos a través de otros o de lo que las redes sociales nos mostrarían. Todas estas cosas uno las da por sentado al momento de emprender un viaje, pero a la distancia todo se ve distinto. Si decimos que no nos importaban mentimos. Pero de esto se trata la vida, de elegir. El camino bueno o el malo, estudiar o no, viajar o seguir mirando por fotos lo que deseamos vivir en primera persona.

Y así fue nomas, tomamos la decisión y nos cargamos con lo que había que cargarse.
Aterrizamos en Malasia. Llenos de curiosidad, sabiendo poco y abiertos al aprendizaje. Algo fundamental y que para nosotros fue lo más importante: aprender.
Aprendimos que podíamos. Con nuestra poca experiencia nos fuimos haciendo, descubriendo, probando, dejando que el roce con el mundo desconocido nos moldee. Aprendimos sobre culturas, sobre religiones, sobre otros y sobre nosotros mismos.

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Algunos de los chicos del voluntariado en Indonesia. Fuimos a enseñarles ingles, pero ellos nos terminaron enseñando mucho más a nosotros…

Si nos preguntaran porque viajamos, sin lugar a dudas la respuesta seria: porque no dejamos de aprender.
El viaje nos enseño cosas que no se aprenden en ningún lado, nos desprejuició de preconceptos que uno carga sin saber porque.
La hospitalidad tenés que vivirla y sentirla, que te la cuenten es muy distinto. Que nos dejen sin palabras nos pasó varias veces, y todavía seguimos pensando como actuar en esas situaciones.

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Haciendo dedo en Borneo, Malasia.

Aprendimos a hacer dedo, a vivir con lo puesto y poco más, a viajar cada vez más lento y barato, a generar amistades en poco tiempo pero que perduran a la distancia y te hacen sentir las despedidas, porque compartir un pedazo de vos en viaje hace de alguna forma que todo sea más intenso. Aprendimos a vivir con la incertidumbre y el movimiento, nunca sabemos donde dormiremos la noche siguiente, ni que ni donde comeremos. Aprendimos a confiar más en la gente, porque no siempre quieren algo tuyo más allá de tu sonrisa y tu bienestar, y eso es lo más lindo que te puede pasar, cuando alguien sin conocerte te da lo que es y lo que tiene sin pretender nada a cambio. Aprendimos y seguimos aprendiendo.

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Con la banda española caminando por Myanmar. Compartimos todo el viaje por este país con ellos. ¡Ya nos reencontraremos gilipollas!
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Con Agos y Franco rumbo a Phi Phi, Tailandia. Gente que vive medianamente cerca pero que tenes que conocer del otro lado mundo para que signifique algo. ¡Los extrañamos!

A veces nos preguntamos que hubiera sido de nosotros si hubiésemos agachado la cabeza sin arriesgar. Otra sería la historia seguramente y hoy no estaríamos escribiendo estas líneas, ni tampoco existiría este pequeño rincón.

Estamos totalmente felices con nuestra decisión, no nos arrepentimos en ningún momento de ella, por el contrario, agradecemos haber tenido el coraje de darle rienda suelta a nuestro deseo. Nos pone contentos ver para atrás y darnos cuenta de lo que logramos, de todo lo que vivimos en tan breve periodo de tiempo. Tendrían que haber pasado muchos años en nuestras vidas rutinarias para que, quizás, nos pasen algunas cosas como esas, y muchas otras jamás las podríamos haber vivido.

Hoy nuestros planes son muy distintos a los que teníamos hace algunos años. Los destinos se acumulan, nuestra “bucket list” se agranda muy rápido, y nuestras ganas de seguir descubriendo este mundo es cada vez mayor.

Tachennos el primero nomas. Quedan muchos kilómetros aun por caminar y muchas más aventuras e historias que contar.
Uno y contando…

 

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