Timor Oriental, (re)construyendo un país

Como David que derrotó a Goliat, Timor Oriental luchó incansablemente contra un enemigo 200 veces más grande hasta por fin alcanzar su libertad. Muchísimas personas perdieron la vida e incontables injusticias se cometieron contra este pequeño país. Bajo el lema Resistir y Vencer es que el pueblo timorense no bajó nunca los brazos y hoy iza orgullosamente su bandera como país independiente.

Podemos decir que la historia de Timor Oriental se remonta a la llegada de los portugueses a la isla allá por el 1515. En busca de recursos para explotar se dedicaron a exportar el sándalo, un árbol de madera pesada y dura que abundaba en la zona, hasta casi extinguirlo por completo. Como sucedió en todas las colonias portuguesas, convirtieron a todos los nativos al catolicismo y no dedicaron ningún esfuerzo en desarrollar el territorio en términos de educación, infraestructura ni salud. Para los portugueses, Timor Oriental (que pasó oficialmente a pertenecerles en 1702) no era más que un punto de comercialización abandonado y un lugar propicio para despachar criminales y prisioneros políticos.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los australianos y los holandeses, quienes para ese entonces controlaban la parte occidental de la isla de Timor (lo que es hoy Indonesia) ocuparon Dili a pesar de las protestas de Portugal. Usando como pretexto la presencia de los australianos, fue como en 1942 Japón invadió la actual capital. Alrededor de 50.000 personas murieron en los tres años que duró la ocupación japonesa y  el territorio quedó devastado. En su retirada de la zona las tropas decidieron quemar todo a su paso.

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De lo poco que hicieron los portugueses en Timor…

Luego, el golpe de estado portugués en el ’74 marcó el comienzo del proceso de independencia de algunas de sus colonias, entre ellas Timor. Sin embargo, una lucha interna entre los dos partidos rivales, FRETILIN (Frente Revolucionario por la Independencia de Timor Oriental) y la Unión Democrática Timorense, hacía que la independización se retrasara por no llegar a un acuerdo interno.

En vistas del desorden interno y con intención de absorber la colonia, aparece un jugador que marcaría la historia timorense para siempre: Indonesia. El país vecino comenzó una campaña para desestabilizar Timor a través de sucesivos ataques al territorio.

Para fines de 1975, FRETILIN tomó el poder y declaró a la República Democrática de Timor-Leste independiente de Portugal.  Sin embargo, esta libertad iba ser muy fugaz, ya que nueve días más tarde Indonesia invadió el territorio y comenzó a escribirse una de las más sangrienta historias de genocidio. La invasión fue apoyada por Estados Unidos por temor a que gobiernos comunistas ocuparan la zona, luego de haber perdido la guerra con Vietnam. Los norteamericanos proveían de todo el armamento necesario y habían comenzado un programa militar en el país que luego terminaría en 1992.

Los soldados indonesios comenzaron asesinando a los líderes y miembros de partidos políticos y a sus familias. Luego, la crueldad y las balas comenzaron a expandirse. Aldeas enteras fueron exterminadas, los prisioneros políticos fueron torturados y ejecutados públicamente y la población que lograba sobrevivir a las brutales manos de los militares, moría luego de hambre.  Se estima que la ocupación Indonesia se llevó consigo un tercio de la población timorense, es decir unas 200.000 personas.

Lo más doloroso fue que el mundo entero se mantenía ignorante respecto a las desgracias que sufría el pueblo de Timor. La invasión no tuvo cobertura internacional, gracias a los poderosos aliados de Indonesia y a que se prohibía la entrada de periodistas al país. Muchas veces ha sido referido como el “conflicto olvidado” o como un daño colateral  de la Guerra Fría.

Años después, otro episodio de violencia se volvía a cobrar la vida de inocentes, pero en este brillaba una pequeña esperanza y un punto de inflexión

En 1991 miles de estudiantes fueron convocados para una demostración pacífica de democracia, luego de que un estudiante activista muriera a manos de los soldados indonesios, días atrás. La demostración se llevó a cabo en el cementerio Santa Cruz, donde se celebró el funeral por el alumno asesinado. Fue una marcha pacífica, donde miles de personas reclamaban democracia e independencia. Sin embargo, al gobierno de Indonesia pareció no agradarle para nada la convocatoria, y por ello decidió abrir el fuego y acribillar a más de 300 estudiantes.

Afortunadamente esta vez un periodista británico estaba presente en el acto y pudo filmar la masacre y enviar el video a la prensa internacional. Inmediatamente las organizaciones de derechos humanos se levantaron y comenzaron a presionar a los gobiernos a favor de Timor. Hoy, Christopher Wenner, el periodista, es considerado un héroe en Timor por haber difundido la tan famosa filmación, de la que luego se construiría un monumento de una de sus escenas más desgarradoras.

Esta es la versión corta del video que recorrió el mundo. La imagen del minuto 3:50 fue la elegida para hacer la escultura en plena ciudad en conmemoración de los fallecidos.

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Monumento de la Masacre de Santa Cruz

Tras una dura crisis económica en Indonesia en el ‘97 y constantes presiones internacionales, Suharto dejó la presidencia y el nuevo presidente Habibie decidió llamar a un referéndum popular sobre el futuro de Timor. Los resultados de la votación hablaron por sí solos: casi el 80% se proclamaba a favor de la independencia. A pesar de las amenazas recibidas por parte del gobierno, casi todos los timorenses asistieron a la votación y luego de que se conociesen los resultados las amenazas no tardaron en hacerse realidad. Según informes oficiales, en un mes, alrededor de 2.000 personas fueron asesinadas, cientos de mujeres y niñas violadas y tres cuartas partes de la infraestructura del país fueron quemadas y destruidas en una la operación militar en represalia al pueblo de Timor. Con el respaldo de Estados Unidos y el apoyo Australia, la ONU autorizó una fuerza multinacional llamada INTERFET para restaurar la paz y la seguridad del territorio, que fue la que terminó administrando el país durante la transición a la independencia.

Finalmente, en agosto del 2001 el pueblo timorense pudo votar libremente para elegir sus representantes. El 14 de abril del 2002, Xanana Gusmao, quien fue el líder de la resistencia y había sido capturado en 1992 hasta 1997, fue elegido presidente de la República Democrática de Timor Oriental. Y así fue cómo la larga lucha por la libertad finalmente llegó a su fin…

Sin embargo, la democracia se vería amenazada unos años más tarde. En 2006 un intento de golpe de estado por parte de un grupo de militares, llevó a la renuncia del primer ministro. Momentos de caos, inestabilidad e inseguridad se vivieron en el país durante este periodo. Más de cien edificios fueron destruidos y se estima que alrededor de 20.000 personas desalojaron la capital. Debido a la delicada situación que atravesaba país, se decidió desplegar por segunda vez una fuerza de pacificación internacional hasta el 2012.

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Monumento a los policías muertos en 2006

En resumidas palabras, esta es la historia de este pequeño país olvidado entre la gran Indonesia. Recorrer sus calles y hablar con la gente demuestra lo reciente que ha sido todo y las secuelas que todavía muchos cargan. A pesar de todo, la gente no tiene ningún tipo de rencor contra sus vecinos indonesios. Entienden que fue una cuestión política, y que el pueblo no estaba al tanto de las atrocidades que los militares estaban cometiendo.

Conocimos gente que creció refugiado en las montañas, mientras sus padres luchaban en la resistencia. Nos contaron por ejemplo, cómo sobrevivían de la caza de animales y dormían en chozas, cómo las mujeres daban a luz en la selva sin contar con ningún tipo de asistencia médica, cómo vivían con miedo a ser descubiertos…  En definitiva, cómo fue abandonar todo lo que tenían para preservar lo más valioso, sus vidas.

También conocimos los que están haciendo, o por lo menos intentando, que este país sea un mejor lugar. Poder aprovechar su resurrección para bien, aunque como suele pasar en muchos países de la región, la corrupción muchas veces es más fuerte. Para lograr esto, el gobierno promueve que arriben al país profesionales de habla portugués para que trabajen en las tareas gubernamentales y así el país cuente con personas calificadas. Ofrecen altos salarios, muchas veces hasta 5 veces más alto que los europeos, para que estos profesionales se radiquen en Timor y colaboren con la reconstrucción de la nueva nación.

Por otro lado, actualmente la economía de Timor está basada casi por completo en el petróleo. Es lo único que produce gracias a los grandes pozos con los que cuenta en el mar de Timor. Debido a esto es que hace años Australia y Timor pelean y discuten incansablemente las delimitaciones internacionales del mar que los separan, ya que cada interpretación genera discordias y disparidades a la hora de explotar el tan preciado petróleo.

 

La leyenda de Timor…

Cuenta la leyenda que un pequeño cocodrilo que vivía en un pantano muy alejado soñaba con convertirse en un cocodrilo grande y fuerte, pero como la comida era escasa crecía débil y triste. Entonces decidió ir en busca del océano para encontrar más comida y realizar su sueño. A medida que avanzaba hacia el mar, los días se volvieron más y más calurosos y no encontraba comida, estando todavía lejos de la costa. El pequeño cocodrilo se rindió y se dejó morir.
Pero un niño lo encontró y como le dio mucha pena ver morir al pequeño cocodrilo, lo llevó al mar. El cocodrilo, muy agradecido, le dijo “Niño, tú me has salvado la vida. Cuando necesites de mi ayuda, llámame que estaré a tu disposición para lo que sea¨.
Unos años después el niño, que ya había crecido y dejado de ser un niño, llamó a su viejo amigo cocodrilo ya grande y fuerte y le pidió “Cocodrilo amigo, ahora soy yo quien tiene un sueño que cumplir. Quiero recorrer el mundo”. “Súbete a mi espalda y dime a dónde quieres ir” le respondió. “Solo sigue al sol” le indicó el muchacho.
El cocodrilo se dirigió al este y por años viajaron y recorrieron los océanos del mundo hasta que un día el cocodrilo dijo “Hermano, hemos viajado por mucho tiempo, pero ya ha llegado mi hora. Para recordar siempre tu grandeza conmigo, cuando muera me convertiré en una hermosa isla donde tú y tus hijos podrán disfrutar y vivir hasta que el sol se hunda en el mar”.
Cuando el cocodrilo murió, creció y creció hasta que su lomo se convirtió en montañas y sus escamas en las colinas de Timor.
Es así que ahora los timorenses antes de entrar al mar le piden al cocodrilo que no los coman, porque ellos son parte de la familia también.

 

¿Sabías qué?

  • Timor Oriental y Filipinas son los únicos dos países de mayoría católica en todo el sudeste asiático.
  • La moneda oficial es el Dólar estadounidense, pero cuentan también con su propia moneda fraccionaria, los Centavos de Dólar de Timor Oriental.
  • Timor Oriental forma parte de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, junto con Portugal, Brasil, Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Guinea-Ecuatorial, Santo Tomé y Príncipe y Mozambique.
  • El nombre Timor fue dado por los malayos arribados en la isla en el siglo III A.C y significa Este. Así que el nombre del país sería algo como Este Este

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