Nuestros días por Myanmar

Nuestra visita a Myanmar venía de alguna manera cargada de emociones. Por un lado nos generamos ciertas expectativas por comentarios de otros viajeros, y por el otro sería el país con el que concluiríamos nuestro viaje por todo el Sudeste Asiático, lo que implicaba un final que se acercaba. Con este peso agregado a nuestras mochilas arribábamos a Myanmar.
¿Como nos fue? Acá te contamos todo lo que nos dejó nuestro paso por el país.

Hpa An

Entrábamos a la oficina de inmigración luego de llegar en la caja de una 4×4 y cruzar a pie uno de los tantos puentes de la amistad que tiene Tailandia con sus vecinos. Nos percatamos que en el mismo puente se cruzan los carriles, pues del lado tailandés se maneja por la izquierda y del lado birmano por la derecha; luego descubriríamos que casi todos los autos tienen el volante al revés, ya que fue el gobierno militar que tuvo la maravillosa idea de cambiar de mano hace no muchos años. Mientras reflexionábamos acerca de esta curiosidad, a los lejos divisamos inmigrantes que salteaban los precarios puestos de seguridad y se embarcaban en botes sobrecargados para llegar a la otra orilla, ahí a la vista de todos, a nadie parecía importarle.
Nos sorprendió la amabilidad de las personas que trabajaban en la humilde oficina y agradecimos que no existiera ningún “fee sorpresa” como en tantas otras fronteras del SEA. Allí sentados conocimos al holandés Xander y a Borja, un mallorquí que relata sus historias de viaje con mucha gracia (Buscando al Unicornio) y con quien compartiríamos el resto de nuestros días en el país. Con ellos tomamos un bus hasta la ciudad más próxima, Hpa An.

Mientras esperábamos, decenas de cajas, bolsas, valijas y demases llenaban la bodega y varias filas de asientos más. ¿Entraríamos todos ahí? De seguro que en el Sudeste Asiático los límites de capacidad no son los mismos que en occidente, así que nos acomodamos entre tanto bártulo y aseguramos algunas cajas para que no se nos cayeran encima a la primera curva. Por lo menos zafamos de las cataratas de agua del aire acondicionado que le caían a los de las filas del medio, aunque a los birmanos parecía no importarles.

Después de las cinco prometidas horas de viaje llegamos a la “terminal” de Hpa An, que en realidad era una especie de estacionamiento abandonado con algunos tuk tukeros durmiendo la siesta en sus vehículos y sin ánimos de regatear. El calor era tal que en los diez minutos que tardamos en conseguir nuestro tuk tuk, ya estábamos mojados de cabeza a pies.

El hostel más conocido de Hpa An es Soe Brothers. Pero justamente por eso es que siempre está lleno, así que terminamos en el que está al lado, Hin Tha (ver Datos útiles abajo para precios) pero solo estuvimos una noche ya que en nuestra habitación había chinches. ¡Si, después de 10 meses de viaje finalmente conocimos a las malditas  face to face! Más allá del tema de los chinches, que no es un tema menor, el hostel dejaba mucho que desear. Las habitaciones eran extremadamente chicas, sin ventilación y muy sucias, y ni hablar de la mugre de los baños.

Una vez sorteado el tema de hostel, pudimos disfrutar de los alrededores ya que la ciudad en sí no nos gustó mucho. Alquilamos motos con nuestros amigos y dos catalanes más, Marina y Marc, y visitamos el templo Kyauk Kalap, las cuevas Sadan, tomamos cervezas a la veda del río y nos perdimos por arrozales. Y como si ya no hubiésemos tenido suficiente con las cuevas (sí, odio las cuevas), volviendo para la ciudad pasamos por unas que eran conocidas por la salida de murciélagos (Bat Caves) a la puesta del sol, al compás de unos tambores tocados por locales. Pero nada de eso sucedió, esperamos hasta entrada la noche y si salieron tres fue mucho, aunque el francés que parecía un poco fumado juraba que habían salido miles.

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Volviendo de las cuevas Sadan nos detuvimos al escuchar música y cual perros sabuesos seguimos el rastro hasta dar con una fiesta local. Al vernos, la gente del lugar nos invitó a formar parte y nos llenaron la mesa de comida bastante picante por cierto (se dice que nuestro amigo holandés todavía tiene los labios adormecidos del chili). Días después nos daríamos cuenta que presenciamos la ceremonia de dos niñas convirtiéndose en pequeñas monjas o novicias.

A pesar de esfuerzos frustrados, los tres días que pasamos en Hpa An comimos siempre en el mismo lugar. No encontramos otro con precios más baratos y la comida nos encantó. Recomendamos que vayan y que prueben sobre todo la ensalada de arroz con hojas de té, un plato muy típico del país y muy bien realizado por esta pareja birmana. El lugar no tiene nombre pero queda sobre la misma calle de Soe Brothers, de la mano de enfrente a casi dos cuadras en dirección al río.

 

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La última noche la pasamos en un monasterio que queda en la cima de una Monte Zwegabin. A sus pies se encuentra el Lumbini Garden, donde se pueden apreciar cientos de budas dorados desparramados en medio del campo. Subimos los 3633 escalones por la tarde para evitar el calor extremo y una vez arribados, los monjecitos nos dieron la bienvenida con un talonario en mano, puesto que para pasar la noche era obligatoria una contribución de 5000 kyats por persona. Después de la deseada ducha y de elegir nuestras colchonetas del estilo yoga, nos dirigimos al “Vegetative Restaurant” (así decía el cartel en la entrada) del monasterio, donde comimos arroz con vegetales, ¡qué otra cosa sino!

Siendo sinceros, esperamos algo mucho más… “monasteril”. Yo venía de diez días en un templo budista y lo que encontré no se le parecía en nada a lo que había vivido semanas atrás. No es que fuese malo, sino distinto. Muchos monjes pequeños que durante la noche se la pasaban viendo videos en los celulares riendo, gritando y jugando como niños… es que en definitiva eso es lo que son, niños y adolescentes rapados y vestidos de bordó. Pero el amanecer que vimos hizo que todo valiera la pena, en realidad toda la experiencia en general fue muy positiva.

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Mandalay

Nuestro paso por Mandalay fue fugaz. Llegamos por la mañana y conseguimos un bus que salía a la tarde-noche para Kalaw. Lo que más nos llamaba la atención era visitar el puente que sale en toda postal de Myanmar, pero como está alejado de la ciudad no hicimos a tiempo para verlo.

Nuestro gran objetivo era buscar un lugar con aire acondicionado o en su defecto algún pastito a la sombra para descansar ya que no habíamos dormido casi nada la noche anterior en el bus y sufríamos del síndrome pata de elefante (cuando se te hinchan los tobillos por viajar sentado mucho tiempo). Pero fue un fiasco, el único lugar con aire que encontramos fue el banco.

Llegamos al mercado central gracias a una señora que salía del banco y se ofreció a dejarnos allí (se ve que le dimos pena con nuestras patas de elefantes). En nuestra búsqueda por un espacio verde, llegamos a un decadente parque infantil al cual habia que pagar una exagerada suma de dinero para entrar. Como nos parecía rídiculo pagar por sentarnos en el pasto terminamos en el puestito del frente tomando cervezas, a ver si nos curaba el malestar de los tobillos.

Pero lo más bizarro y memorable de Mandalay fue que de la nada, caminando por ahí, terminamos nuestra tarde en la terraza de un edificio en el que había un salón de eventos, donde nos sirvieron cerveza helada con maní (si si, maní como en Argentina!) y donde nos duchamos en los baños más limpios que vimos en todo Myanmar. No tenía aire, pero sí unos gigantescos ventiladores que nos apuntaban solamente a nosotros. ¡Salud!

¿Como llegamos acá? difícil de explicar…

Kalaw

Reconfortados por las birras, nos tomamos el bus rumbo a Kalaw, el pueblo desde donde salen los trekkings para el Lago Inle. Llegamos de madrugada y a diferencia del resto de lo que conocíamos de Myanmar acá si hacía frío. Algunos dueños y empleados de hoteles esperaban al acecho de los dormidos turistas que bajaban de los buses. Todos los esfuerzos que hacía el pakistaní de turbante y barba larga para que vayamos a su hostel fueron en vano. Como nos pareció bastante chanta y no nos cerraba lo que nos ofrecía, decidimos dividirnos y salir en busca del lugar más barato y aceptable. Finalmente después de una hora de idas y vueltas, nos terminamos quedando en el de enfrente de donde nos había dejado el bus.
Destinamos el día siguiente a dormir y a buscar un guía para hacer el trekking. Todos realizaban el mismo recorrido, salvo “Uncle Sam” que ofrecía una ruta alternativa “no tan turística”, pero como no tenían disponibilidad para el día siguiente terminamos contratando con Ever Smile que fueron los que mejor precio nos hicieron.

Trekking a Inle

Sinceramente el trekking no nos encantó, quizás esperabamos más, o algo distinto, no sabemos, pero sentimos que nos quedamos con gusto a poco. Nuestro guía, un lugareño pequeño y tímido que llevaba siempre su sombrerito de arpillera plegable y que a pesar de los casi 40 grados al sol se vestía de jean y mangas largas, no lo podríamos recomendar.

Los paisajes consistían básicamente de arrozales amarillos, cerros y campos secos. Es que claro, hacía meses que no llovía, algo normal en la época seca de la zona. Los dos primeros días caminamos cerca de siete horas cada día, pasamos por pueblitos que hartos de ver turistas, giraban sus cabezas mientras pasabamos. Las dos noches nos quedamos en casa de locales (en realidad en bungalows diferentes), pero pese a nuestros intentos no tuvimos mucha interacción con ellos, en realidad depende mucho del guía ya que es él el que tiene que hacer las veces de traductor.

Aunque no es un trekking difícil, se hace pesado por el calor porque son varias horas de caminata. Para colmo la segunda noche Nico empezó con un malestar que le duró todo el tercer día de caminata. En realidad, fue una diarrea muy fuerte que no lo dejaba hacer 20 metros sin tener que parar en algún arbolito. Deshidratado y sin fuerzas, terminó arriba de una moto que pasaba por una ruta cercana y que lo llevó hasta el pueblito desde donde haríamos el último trayecto en un bote por el lago Inle. Resultó ser que la moto había venido por pedido de nuestro guía y antes de abordar el bote nos pedía unos cuantos kyats por el servicio que nosotros no habíamos solicitado. Por esto mismo y por la poca predisposición para hacer de laison entre los lugareños y nosotros es que no podemos recomendar al guía.

El paseo en bote nos encantó. Pudimos ver a los pintorescos pescadores haciendo equilibrio en sus canoas. Casi que podríamos decir que fue lo que más disfrutamos del trekking, irónicamente la única parte que no caminamos.

En el pueblo Inle lo más recomendable para hacer es recorrer los alrededores en bici, perderse por pagodas, mercados y pueblitos y disfrutar de la calidez de la gente, si es que no estás descompuesto y deshidratado como lo estaba Nico.

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Hsipaw

Bajábamos otra vez del bus de noche y otra vez nos esperaban representantes de hostels, para mi que están entongados con las agencias de buses porque todos llegaban a ese horario de mierda en donde tenes que pasar lo que queda de la fría noche pero te da bronca pagar por la noche entera.

Después de una siesta reparadora (nunca se duerme bien en los buses y más cuando llegas de madrugada) salimos para las hotspring. En realidad resultaron ser dos piletitas pequeñas de agua tibia, pero creemos que en época de lluvia deben estar mejores. Lo lindo fue el camino de una hora hasta llegar allí. Pasamos por medio de plantaciones que a diferencia de Kalaw estaban verdes y con las caretas que Marina y Tamara habían comprado hicimos el paseo más divertido. Después se las terminamos regalando a unos niños que se reían al ver a los guiris caminando con mucho calor y llevando máscaras.

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Volvimos a coronar la noche con cerveza y maní y partidos de ping pong donde la dupla imbatible fuimos nosotros, bueno en realidad éramos solo dos duplas jugando!

Al día siguiente nos levantamos temprano y emprendimos camino a Pankam, un pueblito muy pintoresco con gente sonriente. Caminamos cuatro horas con nuestro nuevo compañero Mordisquitos, el perrito que adoptamos, o mejor dicho el nos adoptó a nosotros por un rato. Después nos enteramos que pasa sus días entre Hsipaw y el pueblo siguiendo a extranjeros.

A cinco minutos de llegar al pueblito, una mujer en moto con su hija estaba plantada en la entrada preguntando a los recién llegados dónde pasaríamos la noche, pues ella nos podía alojar. Desistimos pese a la insistencia y que la niña nos arrastrara de la mano a su casa, y dedicamos la siguiente hora a recorrer el que se convertiría luego, uno de los mejores lugares de Myanmar. Sonrisas, saludos, niños y mujeres por doquier, ningún hombre.

Dos viejitas que estaban trabajando con el té nos hicieron señas a los lejos para pasar a su hogar. Aceptamos la oferta y entre té y cigarrillos, que solo los ofrecía a los hombres, jugamos con la nena más hiperactiva de todo Asia, Salu.
Con el gesto universal de las dos palmas juntas bajo las mejilla, decidimos pasar la noche en lo de las viejitas que ya nos estaban preparando un abundante almuerzo para comprar nuestros corazones y estómagos. Elo, la mamá de Salu, llegó por la tarde y nos mostró cómo ella y su hermana secaban las hojas de té en grandes hornos y luego las amasaban para que desprendieran su aroma.

Nos costó despedirnos del pueblo, pues todos los niños nos seguían y no dejaban de mostrarnos sus inocentes sonrisas. Si tuviéramos que recomendar una visita imperdible en Myanmar sería la de este pueblo, ya que a nosotros nos brindó lo que buscábamos y no encontramos en el trekking a Inle.

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De regreso a Hsipaw visitamos el Palacio Shan. Más que palacio es una casona antigua de estilo británico en donde vivió el último príncipe Shan (una de las etnias más poderosas de Birmania), quien desapareció misteriosamente durante la dictadura militar. La casona fue heredada por su sobrino Donald quien, junto a su esposa, la abrió a turistas para contar la historia de la familia. Con la excusa de que estaba revelando demasiada información a los extranjeros, clausuraron la casa y se llevaron a Donald preso por varios años. El palacio fue reabierto por la pareja, una vez que él fue liberado, pero ahora, después de su muerte, es su esposa quien mantiene viva la memoria de la familia. La entrada es gratuita, solo se pide una colaboración.

Pyin U Lwin

Siendo honestos, solo fuimos a esta ciudad porque queríamos hacer el famoso recorrido en tren que pasa por el segundo viaducto más alto del mundo. Con bolsas de churros, samosas y bolas de coco, estábamos listos para pasar las siete horas en el caluroso tren. No hace falta en realidad abastecerse de tanta comida, ya que el tren hace largas paradas en muchas estaciones y la gente aprovecha para comer e ir al baño, pero nosotros que no podíamos parar de comer esos churros grasientos no podíamos arriesgarnos.

Lo más destacable de Pyin U Lwin fueron las cascadas Anisakan, el mercado nocturno, el vino de jengibre que compramos en una tiendita de licores y el festejo por la asunción del primer gobierno democrático. Nos esperábamos una gran fiesta, pero solo pasó una camioneta con un altoparlante y unas cuantas personas atrás celebrando, nos pareció un tanto triste para un acontecimiento tan importante para la historia del país.

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Bagan

Después de cinco vehículos y varias horas llegamos a Bagan a dedo desde Pyin U Lwin. Habíamos leído que era una buena opción para evitar pagar el excesivo impuesto que cobran a los extranjeros al llegar a la ciudad. Sin embargo, los chicos que nos acercaron a la ciudad pararon automáticamente en el puestito de control antes que pudiéramos evitarlo. Así, lo que habíamos ahorrado en transporte lo tuvimos que pagar de entrada. En el post Mitos y no tan mitos de Myanmar mostramos en donde se encuentran los puestos de control.

Almorzando con los camioneros que nos levantaron

Bagan fue la capital del Reino de Pagan por 400 años. Se sabe que durante el esplendor de su reinado en los siglos XI, XII y XIII se construyeron cerca de 10000 templos, monasterios y pagodas. Sin embargo, debido al deterioro del tiempo y numerosos terremotos en la zona, hoy sobreviven solo 2200. Bagan quiso formar parte de los sitios nombrados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pero debido a las restauraciones con materiales modernos y que no supieron respetar la arquitectura tradicional, no consiguió entrar en el famoso listado. De todas formas, el lugar merece la visita.

Recorrimos los templos por dos días y lo hicimos en bici. Como el calor era insoportable (rondaba los 40 grados) las visitas se limitaban por la mañana para ver el amanecer y las tardes para ver el atardecer. Durante el resto del día, hacíamos lo que hacen todos cuando hace mucho calor: dormir la siesta y atrincherarnos en la habitación con aire acondicionado.

El complejo es muy grande y es fácil perderse, así que lo mejor es ubicarse con Maps.me desde el celular para encontrar los templos con las mejores vistas. Todos suben al templo Shwesandaw para ver el atardecer, pero si querés evitar las masas y tener una buena vista tambiénm a nosotros nos gustó mucho el Shwe-gu-gy. También vayan preparados para sesiones fotográficas, porque algunos birmanos se van a querer sacar muchas fotos con ustedes!

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Yangon

Yangon fue nuestra última ciudad. No estábamos seguros si nos iba a gustar ya que habíamos escuchados comentarios negativos acerca de ella. Por suerte, no hicimos caso y nos quedamos tres noches y la ciudad nos gustó tanto que le dedicamos un post entero, Esas calles de Yangon.

 

Y así llegábamos al final de nuestro paso por Myanmar. Yangon fue nuestra puerta de salida. Fueron tres semanas muy movidas y que disfrutamos mucho, gracias a la buena compañía que el camino nos regaló.
Nuestras expectativas finalmente se cumplieron, encontramos gente súper amable y sonriente.
Si te interesa saber más sobre el país, no te pierdas nuestro post Myanmar en 10 fotos.

Lo que siguió fue una nueva vuelta a Malasia, la tercera en lo que iba del año, no podíamos decirle hasta luego al Sudeste sin despedirnos de ella..

 

Datos Útiles

El tipo de cambio cuando nosotros fuimos era de 1 Usd = 1200 K aprox.

Buses desde la frontera a Hpa An 9000 Kyats (sale a las 9:30 am), a Yangon 15000 K (9:30 am y 5:00 pm) a Mandalay 23000 K (9:30 am).
Hospedaje en Hpa An: Hin Tha 12000 K habitación doble con ventilador y wifi. A nosotros no nos gustó, estaba muy sucio y lleno de chinches. Soe Brothers 12 Usd habitación doble con ventilador y wifi. Es mejor que el Hin Tha pero hasta ahí.
Bus de Hpa An a Mandalay: 12000 K
Bus de Mandalay a Kalaw: 7500 K
Hospedaje en Kalaw: Pine Land Inn, habitación doble con desayuno y wifi 12 Usd (por una noche y media)
Trekking de Kalaw a Inle 3D/2N 36000 K por persona en Ever Smile
Entrance Fee al Lago Inle: 12500 K
Hospedaje en Inle: Lady Princess 2 habitación doble con desayuno y bicicletas a 20000 K.
Bus de Inle a Hsipaw: 15000 K
Hospedaje en Hsipaw: Yee Shin habitación doble con desayuno y wifi por 15000 K
Tren de Hsipaw a Pyn U Lwin: 2750 K en “primera” clase
Hospedaje en Pyn U Lwin: Grace Hotel II, habitación doble con desayuno por 20000 K. No nos gustó mucho pero fue de lo mejorcito que encontramos por ese precio.
Hospedaje en Bagan: ViewPoint Inn, habitacióm triple con aire acondicionado, desayuno y wifi por 30000 K. Recomendable, sobre todo el aire acondicionado por las altas temperaturas.
Entrance Fee Bagan: 25000 K
Bus desde Bagan a Yangon: 14000 K. El mejor bus que hemos tomado, limpio y cómodo, empresa Elite.
Hospedaje en Yangon: Okinawa Guesthouse II, dorm con aire acondicionado, desayuno y wifi por 10500 K por persona.

 

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