A dedo por Borneo: Itinerario e información útil

Que es caro, que es peligroso.. Esto fue lo que más escuchamos sobre Borneo. Como no creímos que esto fuera cierto, más después de la gran experiencia que tuvimos en Malasia Peninsular, decidimos recorrerla de punta a punta por casi un mes. ¿Querés saber cómo resultó? Acá te contamos todo.

 

Luego de un mes por Filipinas llegaba la hora de Borneo. Isla famosa, aparte de por sus plantaciones de palmera, por las bellezas naturales que alberga.
Para nosotros no era un destino más, significaba volver a Malasia, ese país que tan bien nos recibió al comienzo de nuestro viaje y con su gente, su comida y sus rincones y que se transformó en nuestro favorito. Fue raro volver a un país que no es el nuestro y sentirnos un poco como en casa. Una extraña comodidad a pesar de nunca haber pisado Borneo.

Kilómetros hechos: 1877 km.
Días de viaje: 28 días
Tipo de cambio: 1 USD = 4.25 RM
Mejor época para visitarlo: marzo a septiembre

Kota Kinabalu fue nuestra primera parada, donde aprovechamos para comer todo lo que extrañábamos de la comida india, malaya y china en un mismo lugar. También le sacamos provecho al mercado nocturno para cenar unos INCREÍBLES atunes a la parrilla a precios irrisorios. ¡No se lo pierdan! Se puede comer de todo a precios muy accesibles. ¡Qué delicia!

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Otra de la atracciones, aparte de recorrer la ciudad que es muy linda y tiene algunas mezquitas interesantes, es visitar alguna de la islas que se encuentran frente a sus costas. Nosotros elegimos Sapi por recomendación de los locales, y si bien no conocemos las otras, podemos decir que esta sí vale una visita de todo el día.

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Luego de algunos días debíamos partir hacia Sandakan, ciudad que saltó a la fama hace varios años por el secuestro de algunos turistas a manos de piratas filipinos. Si bien aún se pueden ver militares en algunas zonas, ya el peligro no es tal. Nosotros vimos una ciudad tranquila y con buena cantidad de turistas.

Más de 300 km. nos separaban, pero sabíamos que si todo seguía como lo dejamos, en Malasia sería pan comido. ¿Cómo nos fue? Todo en su lugar. Dos autos, una camioneta y un camión bastaron para llegar a destino. ¡Qué linda sos Malasia!

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¡Nuestro primer conductor en Borneo!

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Fueron dos semanas de estadía allí. Tanto hay para hacer, se preguntarán. La verdad es una ciudad más, pero sí tiene varias cosas para hacer a sus alrededores. Nosotros estuvimos tanto porque frenamos en Sea View Sandakan Budget and Backpackers Hostel (no le podían poner un nombre más largo, ¿no?) a trabajar a cambio de habitación, comidas y algunos tours que el mismo lugar armaba. Fue una experiencia más del viaje, una buena forma de conocer gente, de volver a dormir en la misma cama más de cuatro días y poder cocinarnos un poco, algo que extrañabamos. La dueña del lugar nos dió la oportunidad y nos trató como si fuéramos sus hijos, tanto que no quería que nos fuéramos más. Nos enseñó la técnica para comer con la mano y nos cocinó una deliciosa sopa de calabaza, curry y lemongrass, y otro día saboreamos un banquete con cangrejos y todo. Un saldo más que positivo.

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Como comentamos anteriormente alrededor de esta ciudad hay varias atracciones, muchas de las cuales se pueden conseguir en cualquier hotel o agencia de turismo. Nosotros al tenerlas incluidas aprovechamos a hacer lo más posible. En total hicimos cinco: Sepilok, Sun Bear Conservation Center, Rain Forest, Kinabatangan River y Firefly Mangrove Cruise.

  • Sepilok

Este centro de conservación y rehabilitación de orangutanes es un clásico de la zona. En él cuidan y rehabilitan a orangutanes que hayan sufrido algún problema en su hábitat (como por ejemplo grandes incendios a causa de las plantaciones de palmera) y una vez que estén listo para valerse por sí mismos, son devueltos a su lugar. Si no son capaces de sobrevivir por su cuenta por alguna lesión grave, se los cuida y protege en este centro. Si ya has ido a otros lugares pero no pudiste ver a estas increíbles criaturas, acá no te vas a quedar con las ganas. Casi asegurado que los vas a ver, ya que en dos horarios por día (a la 10 y a la 15 hs.) son alimentados y uno puede observarlos desde muy cerca, y a veces algún curioso se acerca bastante y se pasea muy cerca de la gente.

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La entrada cuesta 30 RM por personas más 10 RM por cada cámara. Queda en las afueras de Sandakan. Se puede llegar en bus público por 6 RM o también hacer dedo hasta la calle que sale sobre la ruta.

Recomendamos una visita, es un excelente lugar para observarlos. Nosotros ya habíamos tenido la suerte de verlos en Sumatra, Indonesia, pero no nos cansamos de hacerlo. Sus comportamientos, los juegos entre ellos y algunos gestos que hacen tan parecidas a los humanos, nos causan fascinación.
Además queda al lado del Sun Bear C. C. Y el Rain Forest, por lo que en un día pueden visitar los tres lugares.

  • Sun Bear Conservation Center

En este lugar se conserva y protege a los Sun Bear, quienes llevan el rótulo de ser los osos más pequeños del mundo y están en peligro de extinción. El lugar es simplemente una plataforma tipo mirador desde donde se puede ver el área donde viven estos osos y también hay algunos binoculares para verlos mejor cuando se trepan muy alto sobre los árboles.

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Como dijimos antes, queda enfrente de Sepilok. La entrada cuesta 31 RM por persona y no te cobran por la cámara. Si tu presupuesto es apretado lo podes saltar. Es cierto que son lindos con su pecho de color amarillo en forma de V, pero no creemos que sea un imperdible. Depende de cada uno, su presupuesto y sus ganas de verlos.

  • Rain Forest

El último lugar al que fuimos en el tour del día. Este bosque de gran tamaño alberga plantas, árboles, aves, lagos y muchos insectos y bichos de distintas especies. Está bueno para caminar, pero se necesita tiempo porque es grande y tiene muchos caminos y senderos. Nosotros al estar con el tour no tuvimos el necesario, solo pudimos ver una parte, caminar por algunas pasarelas y subir a algunos miradores. Solo logramos ver algunos animalitos y ni siquiera llegamos al árbol gigante que se encuentra al fondo.

Si les gusta este tipo de atracciones es una buena oportunidad visitarla con tiempo. La entrada cuesta 15 RM por persona y queda unos cientos de metros antes de Sepilok.

  • Kinabatangan River

Esta es una excursión que promete, pero que, si bien la suerte juega un factor importante, va a depender mucho de cómo la hagas. Existen tres opciones: paseo por el día (la que hicimos nosotros), dos días y una noche o tres días y dos noches. Dependiendo de tu estadía en el lugar es la cantidad de paseos por el río y alrededores que hagas. Nosotros solo hicimos uno, en el cual la lancha se rompió, cena y de vuelta al hotel. Si te quedas una noche ya cambia, porque incluye paseo por la tarde, paseo nocturno y trekking por la selva al día siguiente bien temprano. Y en la otra opción ya sería sumarle más paseos y caminatas.
¿Qué se puede encontrar por estas zonas? Aves de todo tipo, monos macacos, monos proboscis, lagartos, cocodrilos, elefantes y orangutanes.
Nosotros vimos macacos, algunos proboscis y aves de distintos tipos y colores. No tuvimos suerte de ver cocodrilos ni elefantes, aunque si vimos varias huellas de estos al costado del río, como si lo hubiesen cruzado hacía poco. El guía nos dijo que ese día los vieron metidos hacia adentro en la selva.

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¿Nos gustó? Si, a pesar de no haber tenido suerte el paseo nos gustó, estar rodeado de tanta naturaleza navegando el río con el viento en la cara fue una linda sensación. Aunque si tienen la posibilidad les recomendamos que lo hagan con una noche, ya que aumentan sus chances y disfrutan un poco más. Tengan en cuenta que desde Sandakan son aproximadamente 2.30 hs. de viaje en auto.
Los precios del tour por un día varían dependiendo de la cantidad de gente en el auto. Si va uno solo son 400 RM, si son cuatro personas son 200 RM por persona. ¡Nosotros lo pagamos con el sudor de nuestra frente!

  • Firefly Mangrove Cruise

Esta fue una de las excursiones de la que menos esperábamos pero que resultó ser interesante. Consiste en navegar por un río entre manglares, atravesando también una pequeña villa flotante y en el que se pueden observar algún mono proboscis, lagartos y cocodrilos. Acá tuvimos más suerte y vimos de los tres. Pero el objetivo llega al atardecer, cuando el bote se para completamente en el medio del río y se espera a que oscurezca en medio de la sintonía de bichos y aves, la clásica música de la naturaleza. Uno puede notar cómo a medida que la luz le abre paso a la oscuridad todos estos cantos van perdiendo fuerza. Y una vez que la noche se va haciendo presente empiezan a aparecer ellas, las luciérnagas. 1, 5, 50, 100. Mientras más oscuro más lucecitas. Primero sobre los manglares cual arbolito navideño. Luego de un rato ya son cientos, ahí es cuando nuestro conductor saca un luz roja dentro del bote, lo que genera un efecto de atracción en los pequeños bichitos que los dirige directo hacia nosotros, y el barco se ve en medio de una mininube parpadeante.
Cuando pensamos que era el final, la dueña del hotel, que nos hizo de guía en esta excursión, nos pidió que nos pongamos de rodilla sobre los asientos mirando hacia el agua. Agarramos al mismo tiempo unos palitos que nos daba y a la cuenta de tres debíamos agitar el agua. Cuando lo hicimos logramos ver plancton luminoso sobre el río. Si, no estábamos ni en las playas de Tailandia ni en Maldivas, increíblemente ahí se podía ver también.

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Nos contaba que esto solo ocurre cuando el tiempo está despejado y no hay luna en el cielo. ¡Fuimos unos afortunados! Si te interesa hacerla, te recomendamos que la contrates con Sea View Sandakan, viene incluida una riquísima sopa de calabaza y lemongrass como cena.

Además de estas existen muchas otras atracciones como Labuk Bay Proboscis Sanctuary, que vendría a ser como Sepilok pero para los monos narigudos. También Turtle Island, donde las tortugas desovan. Estos dos últimas son bastante caras.
Dentro de la ciudad podes visitar la English Tea House, luego de una caminata por varios escalones, que te permite tomarte algo y ver la ciudad desde lo alto. O el Puu Jih Shih Buddhist Temple, que se encuentra en las inmediaciones de la ciudad sobre una colina y desde donde podrás ver casi toda la ciudad y el mar para sacar unas buenas fotos. El mercado de la ciudad es también un buen lugar para recorrer y comprar lo que quieras, fue un lugar al que íbamos casi a diario porque queda enfrente del hostel donde trabajamos.

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Las dos semanas fueron historia y era hora de seguir. Las mochilas desde su rincón de la habitación nos miraban y nos pedían acción. Empezábamos a cruzar la isla hacia el oeste, donde Brunei aparecía como primer destino, aunque antes hicimos una parada nuevamente en Kota Kinabalu, luego de otro exitoso día a dedo, donde nos reencontramos con Fernando, nuestro querido amigo español que conocimos en el voluntariado de Sulawesi y con el que nos quedó una muy buena relación.

Hecho esto, ahora si, se venía Brunei, el pequeño sultanato al que no muchos turistas van por tener poco que ofrecer. Para nosotros fueron tres muy buenos días en el que aprendimos mucho de este desconocido país y gracias, una vez más, a Couchsurfing, nos llevamos unos divertidos recuerdos y algunos un poco pegajosos…

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La segunda noche en la ciudad nuestro host y sus amigos nos llevaron a probar una comida típica del país. Aunque sinceramente nos cuesta llamar comida a esa cosa que pusieron frente a nosotros. ¿Recuerdan la película Flubber? Bueno, igualito pero más grande y transparente. Ambuyat es una especie de gelatina más pegajosa, hecha a base de sagú. La idea es con dos palitos enrollar esa gelatinosa masa y mojarla en una salsa picante para luego tragarla de una. ¡Ni se te ocurra morder eso porque se te puede armar un desastre en la boca! Si hubieran visto la cara de Andre cuando dio el primer bocado… ¡casi vomita toda la mesa! Y a mi, como creo de mala educación no comer algo que nos llevaron a probar con tanto orgullo, inflé el pecho, anulé las papilas gustativas y le entré a los palitos deseando que se terminara lo más rápido posible. Simplemente asqueroso.

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¡Ni pinta tiene!

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Si querés conocer un poco más este país, te recomendamos que leas nuestro post Brunei en 10 fotos.

INFO ÚTIL

Cómo llegar a Brunei

Hay varias formas de llegar, aunque algunas no muy recomendables. La más fácil es por avión desde Kota Kinabalu, Sandakan o Kuching (si vienen del otro lado de la isla). La otra seria haciendo todo por tierra, pero esto significaría llenarse el pasaporte de sellos ya que Brunei se encuentra dividido en dos partes y se debería salir de Malasia, entrar a Brunei, salir de allí para volver a Malasia por unos instantes y luego ya si en ingreso final al sultanato. No recomendamos esta forma.

Las dos formas más comunes y recomendables son:

Ferry de Kota Kinabalu hasta la isla de Labuan (isla libre de impuestos), que se encuentra frente a las costas de Brunei pero pertenece a Malasia, y luego desde ahí otro ferry a destino. Esta es la más fácil pero un poco más costosa.
La más conveniente, y que hicimos nosotros, es tomarse un bus (18 RM) o ir a dedo a Menumbok, para desde ahí por 5 RM tomarse un ferry a Labuan y luego el ferry a Brunei por 35 RM. Los buses desde KK salen a una cuadra del reloj blanco, hay varias empresas que hacen el recorrido, y con decir que vas a Brunei ya ellos te mencionan el destino.

Si venís desde el otro lado podes tomarte un bus desde Miri hasta el centro de la ciudad (BSB) en Brunei. Esta es la forma más fácil.

Nuestra estadía en este pequeño país había llegado a su fin y era hora de seguir. Como hacer dedo dentro de la capital es muy difícil ya que prácticamente son todas autopistas, nos tomamos un bus local desde el centro hasta Seria, la última pequeña ciudad antes de la frontera. Desde ahí la idea era caminar hasta la ruta y estirar el dedo para llegar a la puerta de salida del país que estaba a algunos kilómetros. Pero esto no fue posible… La gentileza que notamos en la gente de Brunei nos volvió a sorprender. Un chico nos vio caminando y frenó a preguntarnos que hacíamos y si necesitábamos ayuda. Le contamos nuestra idea para ir hasta la frontera y nos dijo que subiéramos que nos llevaba. No, él no estaba yendo para Malasia, solo se dirigía a su casa pero se desvió varios kilómetros para dejarnos en la puerta de migraciones. De esta manera dejábamos Brunei tal cual nos recibió, cuando al bajarnos del ferry otro chico nos preguntó si íbamos para la ciudad, ya que nos podía llevar en el auto que lo estaba esperando. ¡Gracias por todo bruneanos!

Luego de los trámites de rigor, nos alejamos de la frontera y con las mochilas al piso nuevamente a estirar el brazo. Queríamos llegar ese mismo día a Niah Caves, un Parque Nacional con bosques y cuevas inmensas donde fueron encontrados restos humanos de aproximadamente 40.000 años. Bastaron cinco minutos para que una camioneta pare. Ella ecuatoriana y el inglés, ambos viven hace varios años en Brunei e iban a hacer compras en Miri, a medio camino de nuestro destino. Esta simpática pareja había estado el último año en Buenos Aires y él, musulmán, nos contaba que le había encantado la mezquita de la ciudad (¡ni nosotros la conocemos!).

Desde Miri se puede hacer la excursión a los Pináculos, donde solo se puede llegar tomando un vuelo para luego desde allí arrancar las caminatas por la selva. Nosotros nos saltamos esta ya que el costo es bastante alto, y solo se abarata un poco si se junta un grupo grande.

Nos despedimos y, previo almuerzo, otra vez a la ruta. Esta vez fueron cerca de 30 minutos, y luego de algunos intentos fallidos paró el indicado. Era una familia malaya que nos iba a dejar a unos cuantos kilómetros antes del desvío. Si, iban, porque cuando llegamos al lugar donde debían dejarnos nunca frenaron. Nos dijeron que creían que por ahí no muchos hablaban inglés y por miedo a no poder comunicarse no pararían, así que nos iban a llevar hasta más adelante. Pensamos que nos dejarían en la intersección hacia el parque, pero nos equivocamos. Tomaron el camino y nos dejaron en la misma puerta de admisiones. Todo nuestros intentos para evitar que se salgan de su camino fue en vano. Malasia y su gente volvían a hacer de las suyas. La generosidad a la orden del día.

Finalmente pasado el mediodía ya estábamos en Niah Caves. Luego de pagar la entrada (20 RM) y hacer los papeles para acampar en el lugar (5 RM por persona) no perdimos tiempo y en 30 segundos cruzamos el río en un botecito (1 RM) y emprendimos el trekking por el parque rumbo a las cuevas.

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Por suerte llevamos los pilotos de lluvia con nosotros, porque al rato de comenzar poco a poco empezó a caer más y más agua, lo que le dio un toque especial al bosque totalmente mojado y haciendo que el verde que nos rodeaba brillara. Luego de 40 minutos las cuevas se abrieron ante nosotros, con una inmensa entrada donde se pueden ver las áreas donde siguen buscando restos que brinden más información sobre el pasado de los que habitaron esa zona.

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Prendimos nuestras linternas y nos dirigimos hacia el interior de las cuevas. A medida que nos adentrabamos la luz iba quedando a nuestras espaldas y solo podíamos ver lo que la luz artificial nos mostraba. Caminamos un rato largo y nos dimos cuenta de todo lo que aún faltaba para llegar al final y decidimos tomar el camino que doblaba y que salía nuevamente, un poco porque no queríamos que se haga de noche y otro poco porque Andre no quería saber más nada, no se lleva muy bien con las cuevas, ni con los murciélagos que la miraban desde arriba ni con el olor a guano.

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Bajo una llovizna aún presente volvimos hasta la zona de acampe, armamos la carpa, nos dimos una ducha fría (por suerte el calor y la humedad de Borneo hace que podamos prescindir del agua caliente), y nos sentamos en la única cantina del parque a comer algo. Ahí fue donde conocimos a Thomas, un alemán de 66 años, casado y sin hijos, que tras trabajar toda su vida y jubilarse, decidió agarrar su bicicleta y recorrer el mundo. Este ejemplo de persona comenzó su viaje hace 3 años. Viaja solo y cada tanto su mujer vuela desde Europa para acompañarlo en algún tramo. Mientras otros están descansando en su casa, él prefirió vivir sus “años de descanso” a puro pedal y embarcarse en esta aventura. Ya pasó por Europa, Asia Central y post Sudeste Asiático se reencontrará con su mujer para recorrer Nueva Zelanda juntos. Estos “locos” son un ejemplo de que para viajar no hay edad ni un momento determinado, solo ganas. Pueden seguirlo en su blog.

Al día siguiente queríamos llegar a Sibu, a medio camino de Kuching, nuestra siguiente y última parada en Borneo. Si bien era un trayecto importante, lo único que nos preocupaba era salir desde el parque hasta la ruta principal. Luego de caminar 45 minutos por un sendero en medio del bosque (con patinada y lastimadura en la rodilla para Andre incluida), llegamos a la calle principal que se dirigía a la ruta. Desde ahí un chico no tardó en frenar y dejarnos justo donde queríamos, ahora solo nos quedaban 300 km. por delante. Luego de 20 minutos una pick up nos dice que va hasta Bintulu, y no dudamos en subirnos, ya teníamos los primeros 100 km. Asegurados. Fueron casi 2 hs. muy rápidas gracias a la buena onda de nuestro conductor de turno.

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Antes de ingresar a la ciudad nos dejó sobre la ruta, y previa parada técnica en una estación de servicio a comprar agua y visitar el baño, otra vez a apoyar la mochila y a dejar que el pulgar haga lo suyo. Mientras esperábamos pensábamos en voz alta: “que lindo seria que nos levante alguien derecho hasta Sibu, ¿no?”. A veces solo hay que desearlo y el camino te lo cumplirá. Unos minutos después otra pick up con destino a Sibu frenaba frente a nosotros. Con Andre nos miramos y la sonrisa cómplice demostraba que ambos tuvimos la misma sensación… ¡Gracias Dios del autostop! Los últimos 200 km. del día eran nuestros, a relajarse y a disfrutar del viaje.

De Sibu solo vimos los alrededores del hotel. Nuestro cansancio solo nos dió para buscar donde dormir, bañarnos, comer algo y a la cama. Al otro día teníamos nuestro último día a dedo por la isla, había que hacer hasta Kuching poco más de 400 km.
A las 9 am. ya estábamos desayunados y listos para que el bus local que nos llevaría hasta las afueras arranque. Algunas horas después y con dos autos de por medio solo habíamos avanzado 50 km. A todo esto el intenso calor del mediodía se hacía sentir y Andre que me decía que no se sentía del todo bien. Ahí apareció Nai, que se acercó y luego de preguntar qué hacíamos se ofreció a llevarnos a la estación de buses de la siguiente ciudad. Siempre decimos que todo pasa por algo, por lo que decidimos aceptar la oferta ya que las altas temperaturas y el malestar de Andre no eran compatibles. Antes de dejarnos en la terminal Nai nos pidió pasar por su casa a cambiar de auto y aprovecho para convidarnos agua tónica 100 plus, tan tomado en Malasia (¡que rica es!), y un poco de sandía.

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Un rato después ya estábamos en el bus y unas horas más tarde, cuando caía la noche, llegábamos a la terminal de Kuching. Pero ahí no termina todo… La terminal se encuentra en la entrada a la ciudad, lejos del centro como para caminar. Los buses públicos ya no pasaban y los taxis frotándose las manos querían sacarnos más ringgits de los que queríamos gastar. Llamamos a quien nos iba a hospedar y nos confirmó que la única forma era taxi. Pero antes de pagar eso (que equivalía a lo que habíamos pagado de bus por una persona para hacer 400 km.) preferimos intentar hacer dedo. Si, de noche nos paramos pensando en que muchos irían para la ciudad y quizás alguno nos vea y nos dé una mano. Cuando estábamos por darnos por vencidos un auto paró, nos preguntó que hacíamos de noche ahí, y al contarle nuestro problema se bajó sin dudarlo y empezó a acomodar todo lo que tenía para llevarnos. ¡No lo podíamos creer! Sumamos a nuestro viaje hacer dedo de noche, hasta para esto da Malasia. Nuestro salvador se quedó fascinado con el viaje, nos contaba que él y su mujer siempre que pueden viajan, aunque en el último año con la devaluación de la moneda se hizo un poco más difícil. Un rato después nos estaba dejando en la puerta de nuestra host, no sin antes tirarnos varios tips de la ciudad.

Al día siguiente con más pilas ya estábamos listos para recorrer la ciudad. Kuching es la capital del estado de Sarawak, y su traducción literal es “gato”. Si, la ciudad gato. No solo lleva su nombre sino también hay esculturas, arte callejero y ¡hasta un museo de gatosDefinitivamente en Kuching hay gato encerrado (?).

La ciudad nos pareció muy atractiva. Con arte callejero, mucho colorido, pequeñas tiendas, el río que atraviesa y la costanera por la que se puede caminar y comer. También hay algunas mezquitas interesantes y un mercado nocturno, aunque muy pobre y no tiene ni comparación con el de Kota Kinabalu. Se nota bastante, además, la influencia China en esta región.

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Uno de los grandes atractivos que tiene la ciudad es que está rodeada de parques nacionales. El más conocido y visitado es Bako, donde hay playas, trekkings, lugares para pasar la noche y podes ver monos narigudos bien de cerca, además de tantas otras especies que habitan allí.
Para hacerlo tenes que dirigirte a la oficina de turismo en Kuching  y reservar tu cama. Se recomienda al menos pasar una noche para poder aprovechar más del lugar y hacer valer el viaje y lo que gastes en entrada y barco (si, hay que entrar mediante un bote).
Nuestra idea era pasar una noche, peeeero cuando llegamos a la oficina nos dicen que para los próximos días estaba todo lleno y encima la zona para acampar cerrada por mantenimiento… ¡Un bajón! Con nuestro vuelo a Kuala Lumpur ya sacado no nos quedaba otra que ir a otro parque o ir a Bako solo por el día. Y cómo ir solo por el día nos parecía caro y no íbamos a poder ver mucho, consultamos por los demás y decidimos ir a Kubah.

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No podemos compararlo con Bako pero nos gustó. Caminamos mucho, vimos cascadas y algunas vistas desde lo alto también. No tuvimos la suerte de ver ningún animalito interesante pero ya veníamos de ver bastantes en toda la isla, por lo que no nos decepcionó en ese sentido. Otro de los puntos a favor es que estábamos prácticamente solos.

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Así se iba terminando nuestra estadía en Borneo. Volvíamos a Kuala Lumpur, donde todo comenzó. Ahí también nos reencontraríamos con Ali, nuestro simpático amigo de Couchsurfing que nos hospedaría nuevamente.

 

Dónde dormimos

Kota Kinabalu: Stay Lodge Inn, doble con baño compartido, wifi y desayuno, 40 RM. Sobre Gaya street, buena ubicación. Recomendado.
Sandakan: Sea View Sandakan, hay camas por 20 RM con wifi y desayuno. Nosotros acá trabajamos. En frente del mercado a media cuadra del mar. Recomendable.
Brunei: excelente oportunidad de usar Couchsurfing, hay gente muy copada para conocer. Sino el lugar mas barato sale 10 B$, cerca de la mezquita del Sultán.
Niah Caves: acampamos por 5 RM por persona. Si no tenes carpa hay habitaciones de 4 camas con ventilador por 20 RM la cama.
Sibu: R&R Rooms, 40 RM la doble con baño privado, aire y wifi. Enfrente del mercado central. Recomendable. Justo desde la puerta salen los buses locales hacia varias partes.
Kuching: hicimos Couchsurfing nuevamente por 2 noches, y la noche restante nos quedamos en The Nook Bed and Breakfast por 40 RM la doble con baño compartido, aire y ventilador, wifi y desayuno. También hay dorms por 20 RM. Recomendable más allá de que las habitaciones son muy chiquitas. El desayuno es súper completo.

 

Borneo fue una gran experiencia del viaje. Disfrutamos mucho de sus islas, sus ciudades, sus ríos, su flora y su fauna, sus cuevas, sus parques nacionales, su gente y, por supuesto, su comida. Borneo para nosotros es sinónimo de verde, de naturaleza. Nos hubiese gustado ver menos plantaciones de palmeras, pero las grandes compañías no cesan en seguir amasando fortunas y matando bosques.

Si todavía estás en duda o te queda un huequito en tu itinerario, no dejes de considerar esta isla, difícilmente te defraude.

 

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