Agarrarse dengue de viaje, ¿El fin del mundo?

Una de las cosas que más tememos cuando estamos de viaje, aparte de olvidarnos o perder el pasaporte, es enfermarnos. Bueno, hasta un resfriadito o una diarrea (leve) nos bancamos, ¿pero si pasa a mayores? Por más que nos hayamos re contra vacunado, nunca estamos exentos de enfermarnos y cuando eso pasa… Al mal tiempo buena cara, dicen.


– “No tendré dengue, ¿no?
– “Naaa, es por el frío que pasamos ayer todo el día arriba de la moto. Ya se te va a pasar

No recordaba bien la última vez que había tenido 41 grados de fiebre. Creo que fue en Mendoza, en lo de mis abuelos, cuando tenía unos seis o siete años y me terminé agarrando paperas o varicela, pero lo que más recuerdo era esa misma pesadilla horrible que se repetía cada vez que volaba de fiebre. Por suerte esta vez no apareció, será que crecí, o que mi inconsciente la logró reprimir.

Le había pedido a Nico que fuera a la farmacia a comprarme un termómetro. La noche anterior no había podido dormir nada, sentía que el cuerpo entero me ardía y aunque me apretujara contra la fría pared y cambiara de posición veinte veces, la cosa no mejoraba. Llegué a pensar que habían subido la calefacción pero cuando vi a los otras seis personas de la pieza del hostel durmiendo plácidamente y todos tapaditos hasta los ojos, me di cuenta que el problema era yo.

Ni bien se hizo de día me di una ducha tibia con la esperanza de mejorar. Después de desayunar, salimos a recorrer la ciudad. Habíamos llegado la noche anterior a Hoi An y lo poco que habíamos visto nos había encantado. Pero ahora con cada paso que daba, sentía que el cuerpo me dolía cada vez más y el encanto de la ciudad se iba transformando en sufrimiento.

Volvimos al hostel, me acosté y tapada con dos frazadas empecé a temblar. Creo que ahí Nico se dio cuenta que me sentía mal de verdad y se quedó a mi lado cuidándome, me consiguió el termómetro y me empecé a controlar la fiebre. Entre paracetamol y paños frios, la fiebre no bajaba y ya no parecía producto de ninguna futura gripe.

Contactamos al seguro médico por chat, les dijimos que quería que me chequeen para descartar dengue. Ya habíamos conocido a otros viajeros que se habían contagiado y estábamos al tanto de los síntomas y el tratamiento. Los de Assistcard se tomaron su tiempo, y después de reclamar nos dijeron que vaya al hospital el día siguiente en horario laboral, pues cuando finalmente recibí su respuesta ya era bastante tarde.

Así fue como el día siguiente cumpliendo al pie de la letra estaba en hospital Pacific de Hoi An esperando que el doctor me atendiera. Ni bien terminé de nombrarle los síntomas me dijo: “es probable que sea la fiebre del dengue, te vamos a sacar sangre y hacer el análisis correspondiente”. Lo miré a Nico con cara de ¡que-te-dije!.

Y sucedió otra vez en mi vida que la enfermera no pudo encontrarme la bendita vena para sacarme sangre. Que gomita ajustada, que puño cerrado, que golpecito, no hubo caso. Intentó dos veces y solo logró sacarme dos moretones. Cuando se rindió llamó a la “grosa”, y aunque le costó un poco, finalmente me pudo extraer de la mano. Para mi sorpresa no me bajó la presión como de costumbre, no se si fue la fiebre o las ganas que me sacaran la maldita sangre que esta vez dejé la mariconeada de lado.
Hora y media después, tenía delante una pila de hojas con numeritos y nombres raros, y aunque intentamos pispear con Nico, no supimos nada hasta que el médico nos leyó de la última hoja un recuadro que decía “Malaria: negativo, Dengue: positivo”. Bueno, al menos no tengo malaria pensé.

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En busca de la vena…
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Tal vez cambiando de mano… ¡Al fin!

La fiebre del dengue es una enfermedad que puede ser peligrosa, es necesario controlarte a diario por eso te vas a quedar internada unos días. La fiebre suele durar entre 5 y 7 díasme informó el doctor en un inglés rústico. Las enfermeras me llevaron a mi nueva habitación, con baño privado y tv plasma, hasta tenía menú para elegir la comida (nada mal). Aunque yo no lo pude disfrutar porque la fiebre me quitaba el apetito, Nico aprovechó para alimentarse como no lo había hecho en estos ocho meses de viaje.

Con suero (otra vez pasamos por el show de la vena escondida) para evitar la deshidratación y un cocktail de vitaminas y analgésicos, me quedé dormitando todo el día por varios días. En lo único que pensaba era en cómo le iba a contar a mi mamá para que no se quiera tomar el primer avión a Vietnam. Por suerte, se lo tomó mejor de lo que esperaba.

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¡Ahora reposo!

Después el médico nos explicó mejor: tenían que controlar las plaquetas, porque si bajaba muy de golpe se podían formar hemorragias internas, y para evitar eso sería necesario una transfusión de sangre. Eso es lo potencialmente complicado de la enfermedad. Por suerte el tercer día de internada, el doctor vino con la buena noticia de que ya estaba fuera de riesgo, que los valores estaban estables. ¡Buenísimo! pero la fiebre, los vómitos y la diarrea no se me van, doc.

Pasé tres días más en el hospital, en total seis, en los que aproveché a dormir (creo que por efecto secundario de la fiebre) y ver las películas y series que no había podido ver en todo este tiempo (por suerte el wifi andaba muy bien). Pero en ningún momento me enojé o insulté, como sé que lo hubiese hecho en otro momento antes del viaje, o como me pasó a menos de dos semanas de empezar en Penang, que bajando las escaleras pisé mal y me vine abajo con mochila y todo. El dolor me subió hasta la médula cuando quise mover el pie e inmediatamente pensé en que me lo había fracturado. En cuestión de segundos, una catarata de pensamientos negativos inundó mi cabeza, ¿ya está? ¿tanta preparación para que a los doce días de viaje me venga a quebrar? Me van a tener que poner yeso y no voy a poder continuar, etc etc. Afortunadamente fue solo un esguince que se me fue con mucho hielo y unos días de reposo, pero en el momento fue catastrófico, fue el fin de viaje por unos instantes…

Ahora más que nunca soy una convencida de que las cosas siempre pasan por algo, que aunque nos cueste verlo, sobre todo en el momento, siempre hay una razón oculta. Obviamente nadie planea agarrarse dengue o cualquier otra enfermedad y terminar internado en medio de un viaje. Pero las cosas pasan y uno no las puede cambiar, solo puede cambiar la manera en que les va hacer frente. Aparte es en estos momentos en que nos damos cuenta de lo importante que es la salud (sí, aunque suene cliché). Uno lo da por sentado porque está sano, pero cuando pasa algo así se da cuenta de que se puede disfrutar de la vida siempre y cuando su cuerpo y mente se lo permita. Y si nuestro cuerpo nos está pidiendo un break hay que aprender a escucharlo, mimarlo y cuidarlo.

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Hasta recibí visitas!!! Con Ly y Hoan del hostel donde estabamos, Gia Bao Backpackers.
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Trung cayó mas tarde a darme su pésame…

Así que si tuviese que dar una recomendación, aparte de viajar con un buen seguro que responda y usar mucho repelente, sería intentar encarar la situación de la mejor manera posible y tratar de verle lo positivo, para sacar lo mejor de todas las experiencias. Y no te olvides que, sobretodo de los malos momentos, salen las mejores anécdotas y aprendizajes.

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Dada de alta y feliz, ¡tomá dengue!

 

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